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Santísima Trinidad, Movimiento de Amor.

Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio

Domingo de la Santísima Trinidad. Movimiento de Amor.

Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Reflexión

En la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia nos invita a contemplar el misterio más profundo de nuestra fe: Dios es comunión de amor. El evangelio de hoy no intenta explicar filosóficamente quién es Dios, sino mostrarnos cómo actúa. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito». La Trinidad se nos revela como un movimiento de amor: el Padre ama, el Hijo es entregado por amor, y el Espíritu Santo hace posible que ese amor llegue a nuestros corazones. Antes que una doctrina para comprender, la Trinidad es una experiencia de amor para acoger.

Del pasaje de hoy no fijaremos en la palabra «unigénito». Esta palabra tiene una riqueza extraordinaria. No significa simplemente que Jesús sea un hijo más entre otros, sino que es el Hijo único, incomparable, que comparte plenamente la misma vida y naturaleza del Padre. El evangelista utiliza este término para expresar la singularidad absoluta de Jesucristo. Cuando Dios entrega a su Hijo unigénito, no nos está dando algo externo a Él; nos está entregando lo más íntimo de su propio ser. La cruz nos revela hasta dónde llega el amor de Dios: no se reserva nada para sí, sino que se dona completamente para nuestra salvación.

Este amor no conoce fronteras. San Juan no dice que Dios amó solamente a Israel, ni a los justos, ni a los que ya creen. Dice que Dios amó al mundo. El mundo entero, con sus luces y sus sombras, con sus santos y sus pecadores, es objeto del amor divino. Esta universalidad del amor de Dios debe ensanchar también nuestro corazón. La Iglesia existe para anunciar a todos los hombres y mujeres que nadie está excluido del deseo de salvación que brota del corazón del Padre.

Por eso Jesús afirma que no fue enviado para condenar al mundo, sino para salvarlo. Muchas veces proyectamos sobre Dios nuestras categorías humanas de juicio y castigo. Sin embargo, el primer movimiento de Dios es siempre la misericordia. Él sale al encuentro de la humanidad para ofrecer vida, esperanza y reconciliación. La condenación no procede de una voluntad divina de excluir, sino del rechazo humano a la luz que Dios ofrece gratuitamente en Cristo.

Celebrar hoy la Trinidad significa, entonces, dejarnos introducir en esta corriente de amor que nace del Padre, se manifiesta en el Hijo y se derrama en el Espíritu Santo. Estamos llamados no sólo a creer en este misterio, sino a reflejarlo en nuestra vida. Allí donde hay comunión, perdón, acogida y entrega generosa, la Trinidad se hace visible.

Oración:

Que al contemplar al Hijo unigénito entregado por la salvación del mundo, renovemos nuestra confianza en el amor de Dios y nuestro compromiso de anunciar a todos que han sido amados desde siempre por el Padre.

 

Fray Diego Rojas Fray Diego Rojas

Comunidad de frailes dominicos de Caleruega

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