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El pan bendecido se multiplica.

Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
Pan compartido

Domingo XVIII Tiempo Ordinario. El pan bendecido se multiplica.

Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Reflexión

El pasaje del evangelio del XVIII Domingodel Tiempo Ordinario comienza con una escena que revela el corazón de Jesús. Ante una multitud cansada y necesitada, Él no permanece indiferente: se compadece, cura a los enfermos y, cuando llega la tarde, se preocupa también por su hambre. Sin embargo, lo más sorprendente es que no resuelve la situación actuando solo. Ante la propuesta de los discípulos de despedir a la gente, Jesús responde con una frase que atraviesa los siglos: «Dadles vosotros de comer». Con estas palabras, el Señor hace de sus discípulos colaboradores de su propia misión. La Iglesia nace precisamente así: llamada a prolongar la compasión de Cristo en medio del mundo.

Los discípulos se sienten desbordados. Cinco panes y dos peces son claramente insuficientes para tanta gente. Su mirada está puesta en la escasez; la de Jesús, en cambio, está puesta en las posibilidades de Dios. El Señor no les pide que solucionen por sí mismos el problema, sino que pongan en sus manos lo poco que tienen. También hoy la Iglesia puede sentirse pequeña ante los desafíos del mundo, con pocos recursos y muchas limitaciones. Pero la fecundidad de la misión nunca ha dependido de la abundancia de medios, sino de la confianza en Cristo. Cuando ponemos en sus manos lo que somos y lo que tenemos, Él lo convierte en alimento para muchos.

El relato adquiere entonces un profundo significado eucarístico. San Mateo utiliza los mismos verbos que volverán a aparecer en la Última Cena: Jesús tomó los panes, pronunció la bendición, los partió y los dio a los discípulos. No es una casualidad. El evangelista quiere que contemplemos este milagro como una anticipación de la Eucaristía. El pan multiplicado anuncia el Pan de Vida. La misma compasión que movió a Jesús en el desierto seguirá alimentando a su pueblo en cada celebración eucarística.

Hay un detalle que merece especial atención. Jesús no entrega directamente el pan a la multitud, sino a los discípulos, y ellos lo distribuyen al pueblo. Cristo sigue siendo el verdadero alimento, pero ha querido necesitar de las manos de la Iglesia para hacerlo llegar a los hombres. Ésta es una hermosa imagen de la misión eclesial. Todo lo que la Iglesia ofrece lo ha recibido primero de Cristo. No anuncia una palabra propia ni reparte un pan propio; distribuye el Pan que el Señor le confía y prolonga en la historia la obra salvadora de su Maestro.

Cada Eucaristía nos introduce en este mismo dinamismo. Venimos con la pobreza de nuestros «cinco panes y dos peces»: nuestras capacidades limitadas, nuestro tiempo, nuestras luchas y esperanzas. Cristo lo toma todo, lo bendice, lo transforma y nos lo devuelve convertido en misión. Después de alimentarnos con su Cuerpo, también nosotros escuchamos de nuevo: «Dadles vosotros de comer». Quien ha sido saciado por Cristo no puede guardar ese don para sí. Está llamado a convertirse, con humildad y generosidad, en instrumento para que otros descubran que sólo el Señor puede saciar el hambre más profunda del corazón humano.

Oración

Haz señor que como los discípulos nos hagamos cargo de ayudar a saciar el hambre física y espiritual de los otros con las bendiciones que nos regalas.

 

Fray Diego Rojas Fray Diego Rojas

Comunidad de frailes dominicos de Caleruega

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